viernes, 12 de octubre de 2012

Cosas que me preocupan hoy.


Es tan contradictorio vivir en un país económicamente estable y aparentemente bien dirigido, abierto al mundo a través de tratados de libre comercio y asociaciones que nos presentan como una de las grandes potencias de la región,  pero con tantas carencias a nivel social, con tantas contradicciones y tanta ceguera frente a temas no solo contingentes, si no que también universalmente importantes.

Me preocupa que en Chile las mujeres no puedan decidir si quieren interrumpir un embarazo, me preocupa ese niño que viene a una familia donde no será bienvenido y que con el solo hecho de nacer, incluso desde su concepción,  esta en riesgo social; me preocupa la salud de esa mujer que decide abortar en un lugar clandestino e insalubre, poniendo en riesgo su vida y la de sus hijos vivos; me preocupa la injusta brecha entre la que puede pagar y la que no, entre la que necesita una ley que la proteja y la que no; por que antes que todo esto, lo más me preocupa es la enorme diferencia que existe en el acceso a la educación, a la prevención,  a la información y  a la adquisición de métodos anticonceptivos.

Me preocupa ver crecer a mis hijos en un país donde se le niega la posibilidad a parejas del mismo sexo a formar una familia con las mismas condiciones, deberes y derechos que la conformada por una pareja de distinto sexo; realmente me preocupa, que ese niño que finalmente no fue abortado, pero si entregado en adopción, no pueda ser recibido por una familia formada por personas del mismo sexo, impidiéndole al niño y a la pareja crecer formando un nido solido solo por prejuicios, solo por miedo, solo por falta de criterio, solo por desigualdad.

Me preocupa que los hijos de lesbianas u homosexuales puedan ser discriminados por que las autoridades no legislan en pro de la igualdad, de los derechos civiles de todos los que viven en la misma comunidad – país.

Me preocupa no poder decir aborto sin prejuicio y tener que hacerlo en voz baja, me preocupa no poder decir lesbiana con orgullo, ni matrimonio igualitario con una ley que lo ampare. 

martes, 9 de octubre de 2012

Bloqueo.


Después de un tiempo intentando desbloquear mi cabeza, he decidido aceptar la realidad y trabajar desde ahí, desde el bloqueo, asumirlo como parte de mi estado actual y hacerme amiga de él.

Como buen invitado de piedra, no quiere irse y por más que actúo dándole la espalda, humillándolo y poniéndome por sobre su consistente ego, me persigue sin pudor alguno, con una indignidad desenfadada.
De alguna manera, y créanme, lo entiendo, debe ser fuerte ser un inquilino rechazado, habitar en estados depresivos, vivir siempre, por más paradójico que sea, de la anulación. Como nadie quiere mostrarse junto a este tan poco seductor compañero, ni menos ser débil ni de tan bajo estándar, como nadie quiere ni la auto humillación ni la auto complacencia como herramientas para presentarse frente a la sociedad, he llegado incluso a sentir cierta “afección” por este pobre estado de conciencia.

Mi conflicto era tan grande que había llegado al punto de no poder ni siquiera recuperar la clave del blog, este nuevo habitante en mi cabeza se estaba quedando con todo, desde las contraseñas hasta las direcciones, las rutas y las luces en el fondo del camino. Se empecinaba en taparlas, por que aunque suene siútico y de literatura barata, son esas las luces que nos permiten seguir avanzando, salir del hoyo y no perder la esperanza, aunque a ratos la queramos mandar al carajo.

Hoy, sin embargo amanecí con una nueva disposición, una  actitud “so friendly” frente a las dificultades presentadas por el bloqueo, decidí cambiar de estrategia y empezar a seducirlo, obligándolo a bajar la guardia.

 Partí haciéndome su amiga, deje de darle la espalda, decidí mirarlo de frente y trabajar sobre sus propios miedos, quitándome los míos de encima.

Es que había logrado entrar a lugares inexplorados, me estaba haciendo conocer debilidades que no sabía que tenía, comenzaba a actuar por mi, alejándome de todo lo bueno que estaba construyendo y apoderándose de mi pequeño mundo. Su poder estaba siendo inconmensurable y mi trabajo sin duda era detenerlo. Entonces, y cuando nada aparentaba servir por que claramente esta batalla parecía perdida, comenzó el mismo desagradable inquilino a sembrar en mi un nuevo espíritu guerrero, competitivo y que, sin necesidad de armaduras, me fue empoderando y dirigiendo hacia un nuevo estado de conciencia no dispuesto a ser abolido; y aunque sé que la guerra está empezando y que si alguien le pregunta en secreto quien va ganando, él dirá, con su fuerte ego, que el triunfo es suyo. Tengo la sensación de que la primera batalla la gané yo.